sábado, 29 de septiembre de 2012

ANTES Y DESPUÉS DE LOS ARQUITECTOS

  Desde su fundación y hasta poco después del “incendio grande” los verdaderos “arquitectos” de las viviendas de líneas simples y funcionales eran empíricos maestros carpinteros chilotes. Grandes casas, con amplias piezas y un ancho pasillo para sacar con facilidad al hipotético difunto y acoger a resadores y vecinos que acuden a su velorio o a la celebración de un matrimonio, un bautizo o “el día” del dueño o dueña de casa. Así lo justifican.

            Famosos carpinteros fueron y son los “verdaderos arquitectos de la ciudad”. A lo menos, fueron de hecho aquéllos que levantaron una de las épocas más brillantes de su historia, cuyo testimonio se eterniza en las fotografías existentes y en la conservación de algunas de esas espaciosas y bien construidas viviendas que adornan su paisaje urbano y recorren el mundo, captadas por los turistas que la visitan.

            Sin embargo las llamas infernales, que por espacio de más de cuarenta y ocho horas aún aterraban a la población, devastando con satánica fuerza el rostro de la ciudad, cuya fachada principal parecía “navegar” en la pleamar, obligó a los “cirujanos” del martillo, el serrucho y la garlopa, iniciar la reconstrucción de su desfigurado rostro, procediendo a la “cirugía estética” utilizando, ahora de preferencia, la espátula y el cemento en lugar de las nobles maderas del bosque autóctono.

            La ciudad de los imponentes palafitos se convierte de pronto en la capital del concreto armado, de la mano de constructores afuerinos que vienen a reconstruirla. Grandes edificios de piedra y cemento imponen su nuevo y frío ropaje... y se comienza a hablar de “Castro antes y después del incendio grande”.

            Apenas pasadas cuatro décadas, las modernas, macizas y aparentemente inexpugnables viviendas de piedra y concreto son ahora en gran parte devastadas por la fuerza telúrica que desata el terremoto del año 1960... y se reinicia un nuevo ciclo en el que las nobles maderas del bosque chilote vestirán las viviendas del presente, con un notable incremento del uso de la tejuela y el traslapo para dibujar, de la mano de los arquitectos, que supieron acertar con un estilo renovado y a la vez enraizado en el pretérito conjugado por los hábiles maestros carpinteros chilotes.

            Y es así como hoy Castro muestra un rostro con reminiscencias de su pasado legendario y la incorporación del modernismo tan propio del presente, en un acierto futurista que se yergue y extiende hacia los cuatro puntos cardinales de la meseta que lame el mar y acaricia el río Gamboa, para lavar sus largas patas de cures, empinarse por los cerros alargando sus zancadas para estrecharse cordialmente con Nercón, Gamboa, Ten-Ten y Llau-Llao.

Del Libro "Cronogramas de Castro en el Siglo XX"
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